CIUDAD DE MÉXICO — Del recién fallecido Roberto González Barrera, también conocido como ‘Don Maseco’, se pueden decir muchas cosas, desde su inicio en el mundo empresarial a una edad temprana vendiendo huevo y verdura, su supuesto vínculo con políticos del Revolucionario institucional, como Carlos Salinas de Gortari, o su apetito permanente por Banamex, hasta su fortuna valuada por Forbes en 1,900 millones de dólares, lo que lo coloca en la posición 638 entre los hombres más ricos del mundo.
En lo que se refiere específicamente a la manufactura, hay aspectos de este industrial de la tortilla que los empresarios nacionales no deben pasar desapercibidos si pretenden que sus empresas se sostengan en el tiempo y se inserten en la nueva dinámica global.
• Su éxito no se basó en el descubrimiento del producto final. Se concentró en innovar sobre el insumo (harina de maíz a granel) y en satisfacer la demanda (con el desarrollo de equipo con el que pudiera lograrlo), aprovechando hábitos alimentarios de una región. Hoy la capacidad de producción de harina de maíz de su empresa es de 2.3 millones de toneladas anuales.
• Buscó el desarrollo de los activos que transforman el insumo, a tal grado que hizo negocio con la venta de máquinas productoras de tortilla. Uno de los desarrollos más importantes fue el de tanques de almacenamiento para cocido de grano. El sistema permite reutilizar el calor de los hornos y el agua. Los desarrollos lo supervisaba y aprobaba él mismo. Su objetivo era no pasar por un proceso burocrático y que el desarrollo se adaptara pronto al proceso.
• Protegió sus desarrollos, incentivado en la organización el registro de patentes y el uso de tecnología propia en planta. En la actualidad tiene cerca de 40 patentes registradas sobre métodos para fabricar harina de maíz.
• En alianza con instituciones académicas como el EGADE, impulsó cursos de administración y liderazgo en puntos de venta a través de una estrategia de capacitación regional. Quería que sus clientes se vieran como empresarios y que esto detonara el crecimiento de la cadena de la tortilla en beneficio de todo el sector. Sabía que el ‘gasto’ en capacitación de tortilleros era también una inversión a mediano y largo plazos.
• Vio en la globalización una tendencia imparable, con riesgos, pero también con oportunidades. Fue de las primeras empresas mexicanas en salir en la década de los 70 a conquistar nuevas plazas. Primero fue Centroamérica. Hoy es Estados Unidos, China, Malasia… Su empresa tiene presencia en 100 países y cuenta con más de 60 plantas fuera de México.
• Generó nuevos productos a partir de su producto base, la tortilla. Totopos, wraps envueltos, panes planos y tortillas bajas en grasa, por ejemplo, le permitieron crecer el portafolio de negocio y tropicalizarlo.
A González Barrera se le reconocen sus dotes de vendedor. Habría que reconocerle también su capacidad de soportar lo que vendía con una arquitectura industrial de avanzada.
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