Brasil quiere bailar a México.
Miércoles, 28 de marzo de 2012 a las 16:50
Uriel
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CIUDAD DE MÉXICO — Brasil no quiere que nada ni nadie le eche a perder la fiesta que vive. Y no nos referimos a la que llegará a su clímax en 2014 con el Mundial de Futbol ni la de 2016 con los Juegos Olímpicos, sino la que comenzó en la administración del presidente Lula da Silva y que hoy continúa Dilma Rousseff, la tercera mujer más poderosa del planeta, según Forbes.
El país sudamericano se ha convertido desde al menos hace un lustro en uno de los destinos más atractivos para los inversionistas. Tan sólo hace un par de semanas un informe de KPMG y la agencia de inversiones Greater Paris reveló que Sao Paulo consiguió más inversión foránea en 2011 que la propia ciudad de Nueva York.
A Brasil se le reconoce como una economía que ha sido capaz de sacar de la pobreza a 30 millones de personas, rescatar su industria petrolera, proyectar la fabricación de biocombustible, y aprovechar la inversión extranjera para apalancar las cadenas productivas internas en beneficio de la proveeduría local. Hoy le apuesta a la exportación a China como estrategia de expansión y el Banco de Desarrollo del gigante asiático le presta dinero para invertir en petroquímica.
Estas y otras cosas más le han llevado a Brasil a ganar influencia en la región y asumir un papel más protagónico, uno que le permite poner condiciones, como sucedió recientemente con el Acuerdo de Complementación Económica 5S (ACE 5S), del que amenazó a México de salirse de detectar focos rojos en su industria automotriz -por lo pronto se acordó disminuir la exportación de autos libres de arancel en los próximos tres años, periodo en el que Brasil podría resolver sus problemas de revalorización de su moneda y ganar competitividad-.
El país sudamericano es el cuarto destino de las exportaciones automotrices mexicanas, después de EU, Europa y Canadá. Si hay un perdedor en la negociación del ACE 5S, es México. Sin embargo, podríamos estar perdiendo de vista la foto panorámica por centrarnos en el foco.
México no sólo ha estado incrementado su participación en el mercado automotriz de Brasil, sino que en 2011 creció su producción de vehículos a un millón 660,000, lo que lo colocó en la onceava posición entre los principales países fabricantes de autos. Es verdad que está lejos del séptimo sitio, que es el que ocupa el país sudamericano; la diferencia es que el año pasado, a diferencia de México, Brasil sí vio disminuida su producción de vehículos.
Más allá de que esta situación ponga en duda un posible acuerdo comercial en el corto plazo con el país sudamericano como han hecho de conocimiento organizaciones empresariales como la Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos (Concamin), hay otro factor que será crucial en el futuro: ambos países estarán pisándose los talones en la carrera del crecimiento económico y sectorial y en la atracción de inversión.
Personajes como Jim O´Neill, presidente del Consejo de Administración de Fondos de Goldman Sachs, y conocido por inventar el término BRICs (para referirse a Brasil, Rusia, India, China), creen que México será uno de los que más le compitan a Brasil rumbo a 2020, sobre todo si el país se convierte en el centro fabril de EU como muchos lo esperan.
Empresas como Nissan y Mazda han preferido a México sobre Brasil (se sabe que no gustó al país sudamericano la desición de Nissan), y es posible que no sean las únicas que lo hagan en adelante. En este sentido, dos son los caminos que se vislumbran para estos dos países: el de la sociedad comercial donde los dos busquen ganar a costa de las ramas que puedan poner en riesgo, o el de una mayor competencia, donde acciones como las que acabamos de ver con el ACE 5S sean reiterativas.
Brasil está de fiesta. Y es su fiesta. La multiplicidad de impuestos, su moneda subvaluada y las restricciones a la importación de insumos pueden ser tres factores que hagan que todo acabe en una borrachera. Mientras eso no suceda, México está en su mira.
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