Desarrollar proveedores, crear diseño y diversificar canales de distribución son los desafíos.
CIUDAD DE MÉXICO — La industria mueblera enfrenta una recesión caracterizada por la pérdida de empleos, el cierre de empresas y por una caída en las exportaciones. El sector se quedó estático, se mantiene artesanal, con escaso diseño y poco avance tecnológico.
A finales de la década de los 90, México ocupaba el tercer lugar mundial en ventas de muebles, sólo después de EU e Italia, comercializaba sus artículos en 70 países y al menos 20,000 empresas aportaban 2.6% del Producto Interno Bruto (PIB) y generaban aproximadamente 150,000 empleos, de acuerdo con el Banco de Comercio Exterior (Bancomext).
En la actualidad, en cambio, el sector mueblero representa 1.3% del PIB, suma 17,000 empresas y genera aproximadamente 129,000 empleos directos que representan sólo 1.8% del total de la industria manufacturera, según cifras de la Secretaria de Economía (SE).
Este sector está conformado por empresas familiares, de las cuales el 86.9% son pequeñas, 10.8% medianas y únicamente 2.3% son empresas grandes, según un estudio del Tecnológico de Monterrey.
Las principales regiones productoras en nuestro país son el Distrito Federal, Estado de México, Jalisco, Chihuahua, Michoacán y San Luis Potosí.
Aproximadamente, 75% de la producción corresponde a muebles para el hogar, 10% son muebles para oficina y 7% son cocinas. Madera de pino, aglomerado, adhesivos, pinturas y barnices, herrajes, materiales textiles y rellenos son los principales insumos de la industria, según datos del tecnológico de Monterrey.
Para renovar su desvencijada planta productiva, esta industria tiene varios retos: desarrollar proveeduría local, apostar al diseño, automatizar de procesos y diversificar canales de distribución son algunos de ellos.





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